Leernos entre nosotrxs: “El pibe de avenida Corrientes”

EL PIBE DE AVENIDA CORRIENTES

Por Alejandra Suyai Romano

Al pibe se le ocurrió volar por la avenida Corrientes en plena hora pico. Los primeros en notarlo fueron los integrantes de una pareja, sentados frente a frente, en el café Martínez, en el exacto momento en el cual los mozos dormitaban entre pedido y pedido, y las palomas callejeras se arrastraban cabizbajas en busca de las migas del día anterior. Pensé que estaba prohibido eso Héctor, dijo Paula sin soltar la mano de la asa que sostenía su café cortado. Él le replicó que tenía entendido, por reglamento,  que sólo en lugares techados con permiso legal era posible hacerlo. Iba a empezar a citar el artículo 985, inciso c) de la Jurisdicción Federal de Comportamiento Cívico y Ciudadano, cuando lo interrumpieron las bocinas – al unísono y en escala ascendente- de más de diez colectivos de línea que circulaban por los alrededores de la avenida. Los choferes estaban más que molestos. Sus quejas aludían directamente a lo injusto de la circunstancia: mientras ellos trabajaban derritiéndose sobre el volante, rompiéndose el lomo las veinticuatro horas del día, y que un mamarracho… No, era inaceptable. Llamaron a huelga indefinida hasta que la situación volviera a la normalidad. El gremio de los taxistas se les unió más tarde, alegando las mismas insatisfacciones de sus compañeros de la vía pública. La noticia no tardó en trascender las redes sociales: en Facebook, Twitter, y hasta en YouTube se comentaba del extraño individuo que surcaba los cielos de la ciudad porteña sin intenciones expresas de ningún tipo. Solo estaba ahí y flotaba, elevándose más y más hacia la estratósfera. En la televisión fue noticia de último momento: HOMBRE LEVITA EN EL MICROCENTRO ENTRE LAS CALLES URUGUAY Y PARANÁ. CORTE DE AVENIDAS Y TRÁNSITO LENTO. AMPLIAREMOS.  Las radios y los programas televisivos explotaban de opiniones sobre el posible significado de tan misterioso evento: que no se sabía a qué dirección cardinal apuntaba, que era otra estrategia política de recaudación de votos de los partidos en pugna para las próximas elecciones de Octubre, que si fuera mi marido me divorcio, que era un efecto secundario de un medicamento muy poco ortodoxo recetado por los homeópatas en caso de extremo estrés y nerviosismo, que ya no se puede vivir en este país no te das cuenta que tanta inseguridad que ni tranquilo se puede caminar por la calle y hay que irse volando. Hubo un periodista que afirmó muy serio que el sujeto no parecía comprender la gravedad del asunto en el que se estaba metiendo, de a poquito, levitando sutilmente hacia arriba, como quien no quiere – y tampoco busca – la cosa. Su compañero de televisión, dicen, le replicó: “De hecho, Fernández,  el hombre no parece percatarse de gravedad alguna“. La Casa Rosada no se hizo esperar y horas después de que la noticia hubiera impactado los medios de forma masiva, un comunicado fue emitido por cadena nacional a todos los habitantes del país. En el mismo el Presidente de la República hablaba con total tranquilidad sobre el control del hecho que estaban efectuando en ese mismísimo momento la policía federal junto con la ayuda de los bomberos voluntarios de la Ciudad de Buenos Aires, y sobre la importancia de la calma y la serenidad requerida en cada argentino frente a semejante cuestión. La respuesta de los partidos políticos llegó casi al instante. Los peronistas esgrimían al pibe volador como figura combativa contra el capitalismo salvaje; los trotskistas decían que no era suficiente que volara unos pocos metros del suelo para cuestionar al sistema, que tenía que irse como mínimo a Júpiter si esperaba hacer mella en la sociedad; los más reaccionarios, por su humilde parte, exigían que se lo bajara de un tiro, a ver si se animaba a flotar de nuevo. Tan grande fue el eco que causó el pobre chico, que no sólo lo seguirían después de ello publicidades con su nombre, su cara, el logo, y las estrategias de venta al público más que conocidas, sino que muchos religiosos y personas de fe en general optarían también por crear una secta con su figura como máximo ejemplo a seguir, la pureza personificada en la tierra. Estaba tan claro… ¡El guía, el salvador de los pecadores! ¿Por qué otra razón osaba levitar entre los mundanos? ¿No era más que obvio su plan angelical y divino, de castigo y redención, a aquellos que realmente escucharan su palabra, siguieran su camino, estuvieran dispuestos a dar la otra mejilla, por Él? Sin embargo, el asunto no terminó allí. Mientras el pibe seguía su ascención en línea vertical, la historia trascendió las fronteras, y la globalización, en pocos días, hizo lo suyo. La ONU estaba desconcertada. EE.UU emitió una carta en la cual afirmaba que esa era claramente una reacción subversiva de los países periféricos, y que no toleraría esa actitud encontrándose en tiempos de paz. Qué mejor que mandar agentes de la CIA para controlar la situación, ya que estaba más que claro que ello escapaba de las propias manos de la presidencia argentina. El revuelo que había causado el pibe no lo equipararía nadie en los años venideros, ni en las décadas subsiguientes. Así y todo, lo que empezó el lunes, terminó quién sabe cómo el domingo. Policías de la fuerza metropolitana en conjunto con camiones hidráulicos, escaleras de emergencia, y helicópteros autorizados, lograron, una mañana de día grís y lluvioso, bajar al pibe que ya se iba borrando lentamente del cielo, como una manchita sucia escrudiñando el vacío, el más allá. Apenas pisó tierra firme se desvaneció, pero los camilleros ya estaban esperándolo para meterlo en la ambulancia y salir directo al hospital, y de ahí al geriátrico. A los pocos días de pasado el suceso, los medios se olvidaron de él. Las personas también lo hicieron. Nadie volvió a mencionar jamás el hecho, ni a nombrarlo en un poema, ni conversarlo con la familia, ni grafitearlo, ni nada. Bajó como un globo aerostático y lo guardaron en un cajón, enterrándolo para siempre bajo llave. Sin embargo, alguien dijo, tiempo después, que entre los flashes de las cámaras y el balbucear incisivo de los periodistas, ese domingo, el pibe se defendió en voz muy baja, y susurró: “Yo sólo quería ver el río desde otra perspectiva.”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s